Los niños piden agua antes de dormir, justo cuando pensábamos que ya podíamos dar por finalizado el ajetreado día. Descubre por qué lo hacen.
Los niños casi siempre piden agua antes de dormir. Cuando pensábamos que el día había acabado y por fin podríamos descansar, esos seres maravillosos lo volvieron a hacer. ¿Se trata de un intento de manipulación o de tortura? ¿Únicamente desean llamar la atención? ¿Por qué lo repiten una y otra vez? El asunto es más importante de lo que, en principio, pudiera pensarse.
Ni ningún padre ni ninguna madre se salva de la experiencia de ser convocado de regreso por sus hijos todas las noches. El caso es que ya hemos pasado por ese momento, temido y deseado, denominado “la hora de dormir”.
Salimos con sigilo al sofá, a relajarnos un rato frente al televisor o a la ducha, con idéntica finalidad. Entonces, escuchamos de nuevo la voz: “mami, ¿puedes traerme, por favor, un poco de agua?” o “tengo sed”.
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Agua antes de dormir | interpretaciones erradas
Si hiciéramos una encuesta entre las personas encargadas de acostar a los pequeños, llámense papá, mamá, abuela, etc., encontraríamos básicamente dos explicaciones de este fenómeno. La primera es intentar captar nuestro interés u obligarnos a permanecer con ellos un instante más. ¿Por qué, entonces, beben un sorbo y se quedan tranquilos? ¿No resultaría lógico que trataran de retenernos más tiempo si la tomaran con calma?
La segunda es que solo quieren mostrar su poder sobre nosotros; es decir, manipularnos a su antojo. La verdad, esta sería una razón bien desagradable que atribuiría muy malas intenciones a nuestros angelitos. Ningún niño, en circunstancias normales, quiere causar daño a sus progenitores. La respuesta es, por el contrario, bastante sencilla.

Una llamada de atención subliminal
A lo mejor usted no recuerda haberlo sufrido, pero es común que los niños sientan temor en horas de sueño. Los conocidos terrores nocturnos, el miedo a la oscuridad o a quedarse solos, etc., son para ellos emociones reales y escalofriantes.
Estos podrían incluso provocar despertares nocturnos en esta etapa. Lo único que les permite superarlos, en sus primeros años, es saber que cuentan con la protección de un adulto.
La infancia tiene sus propias manera de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretenda sustituirlas por las nuestras» – Jean Jacques Rousseau – escritor, filósofo y pedagogo suizo.
Aunque no sepan expresarlo en palabras, ese llamado es un grito de auxilio. Están asustados y anhelan que la persona que les inspira total confianza los haga sentir seguros de nuevo. No se moleste; muéstrele una vez más cuánto lo ama, dándole, junto con el vaso de agua, toda su comprensión y ternura.
En resumen, la ceremonia de clausura del día terminó y se prepara para retirarse: un merecido descanso al final de una batalla campal. Pero ocurre de nuevo: su hijo clama pidiendo agua. A continuación, vuelve a la habitación con el pedido en la mano y una gran sonrisa en el rostro. Después de todo, pronto dejará de hacerlo y solo quedará el recuerdo de esos instantes de grata comunicación entre ustedes.
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