La paciencia es una actitud y una capacidad para tolerar o soportar con entereza y sin lamentaciones algún suceso, dificultad o contratiempo. ¿Pero somos pacientes con nuestros hijos? Si sientes que te hace falta calma, puedes aprender a practicarla.
No todos tenemos paciencia con las personas o situaciones que se presentan en la vida diaria. Sin embargo, ser paciente es una virtud, especialmente cuando estamos rodeados de niños, ya sea como maestros o como padres.
Independientemente de la personalidad que tenga cada quien, incluso de su preparación, ser paciente y controlado, y saber manejar ciertos momentos sin alterarse, puede ser muy difícil, más aún si aquello que se presenta ocurre en los momentos más inoportunos, como cuando se está apurado, cansado o después de haber tenido un mal día en el trabajo.
Y aunque algunos tienen esta cualidad innata, otros debemos aprenderla y practicarla. Como todo en la vida, cuando se quiere conocer algo y mejorar, debe hacerse con constancia; es decir, mientras más se practique la paciencia, mejor será nuestra serenidad. Ahora bien, ¿cómo cultivamos en nosotros mismos y en nuestros niños la paciencia?
La paciencia una virtud que requiere de práctica
Bien dice un refrán que “la práctica hace al maestro” y no es mentira. En ocasiones creemos que no tenemos ese estoicismo ni esa fortaleza para controlar nuestras emociones o nuestra conducta. Esa calma ante situaciones que nos perturban o que quizás escapan de nuestras manos, pero la paciencia no solo depende estrictamente de la persona, sino también del tiempo. Para ser paciente hay que darle tiempo.
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Ser paciente con los niños o los hijos requiere dedicación, amor y calma. Aunque no siempre se tengan ganas ni tiempo para practicar la paciencia. Como ya hemos dicho, así como queremos ser buenos en algo que nos gusta, como un deporte, o mejorar nuestras habilidades en matemáticas o en la lectura, hay que practicar de la misma manera las habilidades interiores de nuestra personalidad.
Para saber si somos bondadosos, debemos practicar la bondad y conocernos un poco más cada día, lo que nos permitirá identificar nuestras cualidades y mejorarlas constantemente. Ser sensible o empático ante los sentimientos de los demás, aunque creamos que no, hay que practicarlo. Igual pasa con la paciencia. Ahora bien, qué se debe tener en cuenta para sembrar esta bonita y necesaria actitud tanto en nosotros como en los más pequeños:
La paciencia hacia uno mismo
Es como todo: si no nos queremos, ¿cómo pretender que te quieran? Todo debe empezar por ti. Algo que suele alterar esta premisa es que tenemos expectativas muy altas: ponemos una vara demasiado elevada, creyendo que podemos cumplir y alcanzar un listado enorme de objetivos y cosas que no siempre están al alcance o que no siempre logramos. Ya sea por falta de tiempo, de dinero o por otros factores que no controlamos.
En este caso, debemos tener en cuenta que somos seres humanos y que, aunque la inteligencia artificial y la robótica están a la orden del día, no somos de hierro. Incluso aquellos que son pacientes se cansan, se molestan o notan que sus nervios están alterados.
La recomendación:
Revisa ese listado de cosas, posponte o elimina los puntos que te lleven más tiempo y déjalos para otro momento. Elabora una nueva lista con objetivos más claros y definidos, fáciles y rápidos de realizar. Es probable que esto te ahorre tiempo para dedicarlo a los que sean más difíciles de cumplir, o incluso que tomes ese período para descansar, y eso no está mal. Recuerda que hay que aprender a no decepcionarse si no cumplimos todo de una vez.
Cuenta hasta 10
Parece que no es importante; se lee y se piensa que es hasta tonto. Pero no, si funciona, sobre todo con los niños. ¿ Quién no ha presenciado una pataleta, sollozos y actitudes de malcriadez incontrolable? Algo que puede desesperar a cualquiera. Si te encuentras en situaciones como esas o de otra índole, en las que sientes que estás al borde de perder el control o que se te alteran los nervios, entonces es cuando debes salir y contar hasta diez.
La recomendación:
El ejercicio es este. Comienza a contar, respira o inhala profundamente y exhala despacio. Si sientes que aún no te calmas y que debes repetirlo, hazlo. Este ejercicio nos ayuda a controlar la frustración y el enojo. Además, nos permite no solo gestionar lo que sucede internamente, sino también evaluar la situación desde un espacio más tranquilo. Si aún piensas que no puedes enfrentar lo que pasa, tómate un tiempo más a solas, hasta que pase.
La perfección no existe
Nadie es perfecto. Todos, absolutamente todos, fallamos, cometemos errores y, si no es así, ¿cómo aprendemos? ¿Cómo saber si lo estamos haciendo bien? Y esto no importa quién seas, padre, maestro, etc. Y también hay que enseñarles a los niños la paciencia. Decirles que está bien equivocarse y que no hay nada de qué avergonzarse, aclarando, por supuesto, la gravedad del error cometido.
Muchos padres piensan que sus hijos son sus hijos; ciertamente lo son, pero no les pertenecen. Es decir, no pueden hacer con ellos lo que les venga en gana, ¿no? “Las personas en pequeño”, o los niños, no nacen sabiendo qué hacer y qué no, ni tampoco son capaces de aprenderlo de inmediato. Lo que se les enseña les lleva tiempo asimilarlo.
Y así como la paciencia requiere práctica, las enseñanzas llevan tiempo y también requieren habilidad para aplicar lo aprendido. Incluso se les suele explicar no una ni dos, sino tres y hasta más, sobre cómo hacerlo correctamente.
La recomendación:
Debemos concentrarnos y reenfocarnos en qué y cómo les estamos enseñando. Analiza si le estás exigiendo más a tu hijo de lo debido o de lo que es capaz de hacer (recuerda que la edad de los niños es importante: “nos indica su madurez”), o si no le estás dando el tiempo que requiere, no solo para aprenderlo, sino también para hacerlo bien.
Identifica tus debilidades
Saber identificar los puntos débiles es necesario y eso es una constante en nuestra vida. Cada día se nos presentan situaciones que nos muestran en qué somos más fuertes o más débiles al enfrentarlas.
La recomendación:
Sabemos que hay cosas que nos gustan hacer y otras que no tanto. Estas últimas requieren enfrentarlas con “buena actitud”. Por lo que, si ves que pierdes constantemente la paciencia, analiza cuántas veces te sucede y por qué.
Observa si hay algún patrón en tu comportamiento a lo largo del día que pueda explicar por qué ocurre y trata de cambiarlo. Si te molesta la tardanza de tu niño al ir al baño, al comer o al recoger sus juguetes, detente un momento y piensa que estás formando a tus hijos para enfrentar la vida.
Dale tiempo y más si es muy pequeño. Por ejemplo, si te alteras cuando debes dormirlo, bañarlo o hacer las tareas, prepárate para ese momento. Busca aplicar una nueva estrategia o acción que te resulte más fácil. Recuerda: el adulto eres tú.

Muestra que eres un ejemplo a seguir a través de la paciencia
Debemos tener siempre en cuenta que los niños nos imitan en todo. Copian nuestro comportamiento; nos miran como en un espejo; se ven reflejados en nosotros. Es en este punto donde hay que cuidar lo que hablamos y cómo lo decimos. La conducta que tenemos hacia ellos y hacia los demás, en especial cuando están presentes y observan nuestra forma de reaccionar ante cualquier cosa que nos pase.
La recomendación:
Aunque estemos cansados, enfadados o necesitemos unos minutos a solas. Recuerda siempre detenerte la próxima vez que te encuentres a punto de perder la paciencia; evita reaccionar con rabia o incluso mostrar una mala actitud. Ese comportamiento es precisamente lo que no queremos que imiten.
Ríete y diviértete más
Reírse es una buena manera de reaccionar ante ciertas situaciones; sabemos que no en todas. Pero sí hay momentos como en la comida, cuando los niños (sobre todo los más pequeños) pueden jugar o botar la comida.
La recomendación: la paciencia
Haz alguna gracia o comentario, ríete, aunque sea para relajar el momento. Te ayudará a reducir el estrés o la presión. Nadie dijo que era fácil.
Piensa, razona y luego habla
Al mostrar impaciencia y retomar el punto sobre seguir el ejemplo, podemos transmitirles a los niños más ansiedad, la cual, a su vez, se incrementa tanto en ellos como en nosotros. En este sentido, hay que tomarse el tiempo para pensar y razonar antes de hablar. Y para eso hay que serenarse, darse un espacio para tomar aire (recuerda también contar hasta el 10).
La recomendación:
Ya sea junto a tus hijos o alumnos, siéntate, diles con calma lo que sientes. Pero antes, razona con ellos y luego expresa alguna idea o ejemplo para que comprendan lo sucedido. Por lo general, funciona al expresar lo que sientes. También es una acción que sirve como ejemplo para que los niños aprendan lo que ellos sienten cuando hacen rabietas y pataletas.
La paciencia una práctica a diario
Como ya hemos señalado, mantenerse en control y sereno no es nada fácil; además, requiere de un entrenamiento mental a diario. Saber aceptarnos, aceptar a los demás y lo que sucede a nuestro alrededor son siempre aspectos a tener en cuenta para ser pacientes. Asimismo, es una manera de mostrarles a los consentidos de la casa cómo reaccionar si se llega a perder la paciencia.
La recomendación: la paciencia
Se debe tener en cuenta que el trato que les damos a los pequeños no debe ser el de adultos. Es importante prepararlos para que sientan afecto, empatía o solidaridad hacia los demás y hacia sí mismos.
Los valores como la colaboración, el compromiso, la sensibilidad, la lealtad, la responsabilidad, la honestidad o el respeto son cualidades interiores que deben transmitirse por el ejemplo. Tener presente que no solo motivan a comportarnos de cierta forma con quienes nos rodean. Determinan nuestros sentimientos e intereses, por lo que tener paciencia y aprender a mostrarla no solo forma parte del comportamiento, sino también de nuestro sistema de creencias.
«La promoción de la resiliencia no es tarea de un sector determinado, sino la de todos los adultos que tienen la responsabilidad de cuidar y proteger a niños y adolescentes, asegurarles afecto, confianza básica e independencia». OMS/OPS
Actividades para la resiliencia | Ser padres es parte de ser paciente
Existen algunas acciones o actividades que los niños pueden hacer para que aprendan y vayan desarrollando la paciencia y que formen parte de la enseñanza sobre la resiliencia como es:
- Dibujar y pintar (ejemplo: mandalas).
- Aprender y hacer figuras de origami o de papiroflexia.
- Aprender a bailar o hacer algún deporte o tocar algún instrumento musical.
- Practicar artes marciales.
- Hacer actividades artísticas, manuales o artesanías como figuras de arcilla, cerámica o plastilina, etc.
Es importante guiar a los niños en el desarrollo vocacional de sus habilidades, enfocándonos en potenciar la paciencia y otros valores de la personalidad interior, y en motivar y estimular el área intrapersonal.
La paciencia es una característica que forma líderes espirituales y motivadores, con la capacidad de colaborar e interactuar, establecer relaciones afectivas significativas y, además, generar una respuesta positiva en los demás. Es en la paciencia donde se encuentra una mejor conexión consigo mismo y se manifiesta el autocontrol. Estas son las personas que logran inspirar empatía, autorregulación emocional y grandes reflexiones filosóficas; esos son precisamente los líderes que queremos para el futuro.
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